Kevin Carter, fotógrafo sudafricano, ganó el premio fotoperiodismo Pulitzer el año 1994.
Si bien la historia de la fotografía terminó de la peor forma, por esas meras casualidades del destino, aquella foto impactante que en sólo un par de minutos recorrió el mundo entero, ha sido alabada y aborrecida por éste mismo.
Carter tomó una tarde cualquiera la foto de una niña sudanesa, cansada por todos los esfuerzos sobrehumanos que hacía para poder recorrer kilómetros con el sólo objetivo de alimentarse, o por lo menos tratar de hacerlo. En la foto se encuentra agachada, descansando, a punto de morir por la falta de alimento y agua que aqueja a más del 70% de la población africana. En la imagen, en segundo plano, se puede apreciar a un buitre al acecho, que está esperando la muerte de la niña, para luego comérsela.
Los animales se sincronizan sorprendentemente con la vida y muerte de todos los habitantes del continente negro. Éstos buitres nunca han dado muerte a nadie, sino más bien, esperan a que la muerte se lleve primero a sus víctimas. La gran mayoría de los africanos muere en la mismas circunstancias: de hambre y sed. Luego los cuerpos quedan literalmente tirados por todo el continente, y la única opción que resta para hacerlos "desaparecer" del camino, es que los buitres se los coman.
El fotógrafo sudafricano, siguiendo la misma ética que rige a todos los fotógrafos del mundo, capturó la imagen y se retiró corriendo del lugar. Era un momento imperdible que quedó impreso en una fotografía. Después de aquella escena, Carter pensó que podría olvidar aquel momento. Pero no fue así.
Cuando ganó el Pulitzer, señaló lo siguiente a la prensa: "Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña".
Fue tal el sufrimiento, la desesperación y el dolor que vivió Kevin Carter en los países más necesitados de África, que después de haber capturado ese momento, comenzó a ser víctima de una fuerte depresión, que sólo aminoraba con diversos tipos de drogas. Así vivió por más de cuatro meses. El remordimiento lo consumía día a día, y por ende, luego de haber pasado un tiempo sufriendo, tomó la drástica decisión de quitarse la vida.
Autor y protagonista de una de las fotos más impactantes que han pasado por el certámen Pulitzer, yacen muertos por la angustia y la pobreza.
Layla Chaab.
Si bien la historia de la fotografía terminó de la peor forma, por esas meras casualidades del destino, aquella foto impactante que en sólo un par de minutos recorrió el mundo entero, ha sido alabada y aborrecida por éste mismo.
Carter tomó una tarde cualquiera la foto de una niña sudanesa, cansada por todos los esfuerzos sobrehumanos que hacía para poder recorrer kilómetros con el sólo objetivo de alimentarse, o por lo menos tratar de hacerlo. En la foto se encuentra agachada, descansando, a punto de morir por la falta de alimento y agua que aqueja a más del 70% de la población africana. En la imagen, en segundo plano, se puede apreciar a un buitre al acecho, que está esperando la muerte de la niña, para luego comérsela.
Los animales se sincronizan sorprendentemente con la vida y muerte de todos los habitantes del continente negro. Éstos buitres nunca han dado muerte a nadie, sino más bien, esperan a que la muerte se lleve primero a sus víctimas. La gran mayoría de los africanos muere en la mismas circunstancias: de hambre y sed. Luego los cuerpos quedan literalmente tirados por todo el continente, y la única opción que resta para hacerlos "desaparecer" del camino, es que los buitres se los coman.
El fotógrafo sudafricano, siguiendo la misma ética que rige a todos los fotógrafos del mundo, capturó la imagen y se retiró corriendo del lugar. Era un momento imperdible que quedó impreso en una fotografía. Después de aquella escena, Carter pensó que podría olvidar aquel momento. Pero no fue así.
Cuando ganó el Pulitzer, señaló lo siguiente a la prensa: "Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña".
Fue tal el sufrimiento, la desesperación y el dolor que vivió Kevin Carter en los países más necesitados de África, que después de haber capturado ese momento, comenzó a ser víctima de una fuerte depresión, que sólo aminoraba con diversos tipos de drogas. Así vivió por más de cuatro meses. El remordimiento lo consumía día a día, y por ende, luego de haber pasado un tiempo sufriendo, tomó la drástica decisión de quitarse la vida.
Autor y protagonista de una de las fotos más impactantes que han pasado por el certámen Pulitzer, yacen muertos por la angustia y la pobreza.
Layla Chaab.